Isabel Forga | ¿Real o verdadero?
Sitio web y blog de la escritora Isabel Forga con información de sus novelas, poemas, entrevistas y artículos sobre aspectos literarios, culturales e introspectivos.
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¿Real o verdadero?

Real y verdadero son dos términos que suelen intercambiarse. La palabra que utilicemos no es lo importante, mientras entendamos que hay una diferencia entre los conceptos a los que cada una apunta.

La realidad tiene muchos planos que no dejan de ser ficciones. Si me asomo a la ventana, observo un mundo que parece muy real, pero ¿por cuánto tiempo? ¿Lo percibo yo igual que otros? ¿Son reales los pensamientos y reacciones que me provoca? ¿Y qué ocurre con los deseos o con los temores?

Algunas personas han llegado a la conclusión de que no son reales. Al fin y al cabo, todo lo que percibimos con los sentidos y todo lo que habita nuestra mente está condenado a desaparecer tarde o temprano, y si consideramos los tiempos del universo, su duración es demasiado insignificante. Yo prefiero decir que son reales, pero no verdaderos.

La humanidad ha buscado siempre una verdad absoluta. Muchas personas la han buscado a través de religiones, otras de aficiones o relaciones. Existe en el ser humano una continua sensación de insatisfacción que suele canalizarse de mil maneras sin resultado efectivo en la gran mayoría de los casos. Y es que otorgamos una importancia inmensa a cada proceso mental o físico que nos acomete como si cada momento de infelicidad que sufrimos fuera el fin de todos los mundos. Seguramente nos falta perspectiva.

Ese plano circunstancial del que suelo hablar puede contener miles de millones de realidades, tantas como personas percibiendo, pensando, deseando o temiendo, y tantas como objetos en nuestro mundo de formas. El plano esencial, en cambio, es verdadero porque no nace ni muere, sino que permanece. Existe antes, durante y después de cada forma. El equilibrio entre lo circunstancial y lo esencial, es decir, entre lo real y lo verdadero, nos daría la perspectiva necesaria para trascender la insatisfacción constante que tanta infelicidad causa al ser humano.

Retomando una vez más el ejemplo de las historias, vemos que suele hacerse una distinción entre ficción y realidad, cuando las historias son, al fin y al cabo, otra forma de realidad. En ellas también encontramos circunstancias diversas y, de la misma forma que en el mundo que consideramos real, podemos quedarnos en la superficie o adentrarnos en el plano verdadero. Todas las historias presentan datos, hechos, personajes que son necesarios para su desarrollo y que, con el paso del tiempo, por muy atractivos que sean, pueden quedar en el olvido, o sea, desaparecer, así como todo lo que vive en el plano circunstancial. Sin embargo, la aportación interior de la historia permanece. No se pierde ni se desvanece porque pertenece a una dimensión que trasciende los datos en sí mismos.

Si llegamos a entender este juego, una historia ficticia puede ser una guía de lo tangible hacia lo intangible, tanto como la propia historia de vida, sólo que su calidad de ficción nos permite tomar riesgos emocionales que a nivel de lo que llamamos real resultan en muchos casos impensables.

Muy pocas personas son conscientes de que la historia de vida es también ficción y desaparecerá sin dejar rastro. Su función es esencial, pero no de la forma en que suele interpretarse. No se trata de un lastre del que hay que deshacerse sin más, ni tampoco de una oportunidad para henchir el ego a base de hazañas, sino de una vía hacia otro nivel de conciencia.

 

La pregunta para este Entre Líneas surge de La realidad de la visión poética y La vida en dos planos.

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