Isabel Forga | El poder de la intención
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El poder de la intención

Frases como “la intención es lo que cuenta” se usan a menudo sin profundizar en su significado. También hay quien afirma que la intención no es lo importante y prefiere enfocarse en el resultado. ¿Hacia qué lado decantarse?

Probablemente, ambos puntos de vista son ciertos y lo que ocurre es que estamos confundiendo planos. Retomando la reflexión La vida en dos planos, se podría decir que en el plano circunstancial el resultado cuenta más que la intención, mientras que en el plano esencial, la intención tiene más relevancia.

En el mundo de los objetos o lo que yo llamo a veces plano circunstancial, la intención suele quedarse corta, es decir, si no ofrece resultados prácticos, no nos sirve mucho. Es cierto que desde un enfoque legal o moral, la intención cuenta hasta cierto punto, pero el resultado de la acción suele opacar en gran manera esa intención.

En el plano esencial o verdadero, por el contrario, la intención tiene un peso crucial y mueve energías a otro nivel. A veces su poder es tal que llega a reflejarse en el mundo de los objetos de forma inminente, pero normalmente no ocurre así. El poder de la intención funciona de otra manera, no tiene un efecto inmediato ni ofrece un resultado evidente. Sin embargo, su consecuencia es inevitable a largo o corto plazo, aunque pase inadvertida o pueda manifestarse incluso en otro ciclo de vida.

Si bien la intención absolutamente pura podría alterar las reglas del mundo circunstancial hasta alcanzar el nivel de lo que suele calificarse como milagroso, no es lo más frecuente. En la mayoría de los seres humanos, la intención suele estar teñida por motivos egoístas o miedos que influyen en la energía producida y, por tanto, en el efecto de esa energía.

La intención ha estado siempre presente en las historias porque de forma intuitiva conocemos su valor. Un personaje con intenciones puras y sinceras suele verse recompensado en algún momento de su historia de vida, y muchas veces reprochamos a fuerzas divinas que en el plano que llamamos real las cosas no funcionen de forma tan justa y directa. En esa expectativa radica precisamente el problema. En el momento en que nos enfocamos en el resultado, el poder de la intención se ve alterado. La intención nos pertenece en sí misma, no como condición para alcanzar un objetivo. Ese fin o resultado de acciones e intenciones se dará de la forma necesaria y no es manipulable.

Es más, para que la intención adquiera un poder sin límite debe estar regida por amor, y no me refiero únicamente a amor romántico sino al sentimiento sincero de amor en cualquiera de sus manifestaciones. No hay que confundir ese sentimiento con deseos de ningún tipo. Recordemos que el deseo esclaviza, mientras que el amor libera y, como mencionaba en ¿Existe el amor imposible?, no impone condiciones ni espera compensaciones. Al no enfocarse en resultados, sino en su propia fuerza, el poder de su intención es ilimitado.

Como siempre, a través de una historia es más fácil comprender, y por eso las enseñanzas más grandes, se han transmitido en forma de ficciones a lo largo de milenios. La ficción es un plano de realidad con infinitas posibilidades que sabe alcanzar de forma directa el corazón humano.

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