Isabel Forga | ¿Se puede distinguir entre desapego e indiferencia?
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¿Se puede distinguir entre desapego e indiferencia?

El desapego está de moda en las sociedades occidentales.

Desde hace tan sólo unas décadas, las filosofías y religiones ancestrales de países como India o China han empezado a adquirir relevancia en muchas naciones al otro lado del mundo. La práctica de yoga, procedente de la India, o de artes marciales chinas, como tai chi, por ejemplo, se ha convertido en una tendencia socialmente interesante para muchas personas, que la ejercitan sin profundizar del todo en su realidad. Podríamos decir que una versión light de estos modos de vida, que van mucho más allá de simples prácticas de ejercicios, se ha implementado en gimnasios de forma masiva por todos los países occidentales.

El concepto de desapego está arraigado a la mentalidad, o más bien, a la espiritualidad de Oriente desde tiempos muy remotos. Ligado siempre a la práctica de la meditación, su significado original es muy profundo, pero también por desgracia muy malinterpretado en Occidente, donde muchas personas han adoptado un aire indiferente ante todo con la excusa de estar siguiendo “la filosofía del desapego”, como he oído calificar esta actitud en alguna ocasión. Sin embargo, no hay nada más alejado de la indiferencia que el entendimiento verdadero de lo que se ha traducido al español como desapego o al inglés como detachment en el contexto espiritual.

El llamado desapego requiere un total compromiso con la vida para establecer con ella una correlación tan profunda que permita observar su sabio transcurrir sin la resistencia u oposición que solemos presentar ante la mayoría de sus decisiones. No obstante, no se trata de cruzarnos de brazos y dejar que todo se desarrolle por sí solo. En todo lo que emprendamos debemos invertir el máximo esfuerzo con total sinceridad, pero no obsesionarnos con el resultado ni tratar de manipularlo a nuestro favor porque así es como se crean muchas dependencias y sus consecuentes decepciones. Una vez que lo hayamos entregado todo, el recibir se dará por sí solo. La intervención directa de nuestros miedos y deseos de control únicamente alterará el justo resultado de nuestras acciones y pensamientos. El problema es que este proceso no suele ser claro ante nuestros ojos, que esperan siempre resultados inmediatos, para caer en la desesperación en cuanto no se dan de la forma deseada. En realidad, esas decisiones de la vida son nuestras propias decisiones.

¿Fácil de ver o aceptar? No, el deseo de control es inherente a la mente humana, que se negará a entender que lo único de lo que debe desapegarse es precisamente de ese deseo de control, y no del esfuerzo y del compromiso sincero ante toda circunstancia. Es al desapegarnos de ese compromiso con la vida cuando caemos en la indiferencia.

La única forma de distanciarnos de toda la angustia que se genera en la mente es aprender a ir más allá de ella, es decir, adquirir consciencia de otras dimensiones en nuestro ser que nos otorgan paciencia y entendimiento, y nos ayudan a observar esos procesos mentales. Podemos aprender a leer nuestra mente como si de un libro se tratara, y así dejarnos envolver en la historia sólo hasta el grado deseado. La vida misma debe fluir ante nuestros ojos tan libremente como una historia, con su constante ir y venir de olas que cubren un fondo de valiosos misterios.

De nuevo, la literatura nos ofrece un inesperado camino de aprendizaje, donde datos, personajes y acontecimientos se convierten en vehículo para alcanzar sentidos más profundos en nuestra existencia.

La pregunta para este Entre líneas surge de El difícil equilibrio entre fuerza y rendición y La libertad más allá del personaje.

4 Comentarios
  • Paulina
    Publicado a las 06:47h, 28 abril Responder

    Me encantó la sencillez con la que explicas la diferencia entre desapego e indiferencia. Tanta plenitud en el primer concepto, tanto vacío en el segundo.

    • Isabel Forga
      Publicado a las 03:33h, 29 abril Responder

      Gracias una vez más por leer y comentar. Esos conceptos se pueden usar como sinónimos en algunos contextos, pero es bueno conocer sus connotaciones a nivel espiritual, por ejemplo.

  • Tony
    Publicado a las 17:30h, 31 mayo Responder

    Encuentro genial tu punto de vista sobre esos dos conceptos, que aunque son muy diferentes, en alguna ocasión se pueden confundir.
    Y es que es difícil saber equilibrar y controlar todo cuanto nos acontece.

    • Isabel Forga
      Publicado a las 18:26h, 31 mayo Responder

      Gracias por el comentario. Así es, son diferentes pero en algunos contextos se pueden emplear como sinónimos y eso crea confusiones a otros niveles.

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