Isabel Forga | ¿Son compatibles el miedo y el amor?
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¿Son compatibles el miedo y el amor?

Para comprender esta pregunta, primero es necesario replantear lo que entendemos por amor y si somos realmente capaces de alcanzar la dimensión a la que esta palabra apunta. Una vez más hay que establecer la distinción entre el plano circunstancial y el plano esencial.

El amor al que normalmente nos referimos es, por describirlo de alguna manera, una versión imperfecta del amor esencial, adaptada a nuestro mundo efímero, en el que todo parece sujeto a mil circunstancias y nada permanece. En ese sentido, el amor está ligado al miedo, pues de inmediato el apego genera un inevitable temor a la pérdida. A partir de ese temor, se pueden dar sentimientos negativos como celos, frustración, sufrimiento o deseos de posesión. Muchas personas creen que es el amor el que produce todo ese dolor, pero esas manifestaciones nada tienen que ver con el amor en sí mismo, sino con una visión distorsionada en la que se espera siempre recibir en lugar dar. El amor en esencia no espera nada, no busca nada y no depende de nada para ser.

Podría decirse que el amor es lo que ha movido siempre a la humanidad, aunque la propia humanidad no sea consciente de ello. Desde su primera respiración, las personas inician una búsqueda incesante para satisfacer un deseo tras otro con la idea de que en algún momento obtendrán la felicidad anhelada. Esa idea puede ser consciente o inconsciente, pero siempre presente en la mente. Todos los seres buscan y esperan amor porque por instinto saben que es la única forma de felicidad posible y verdadera.

El miedo al vacío o a la pérdida que mencionaba en Una receta literaria contra todos los miedos se da precisamente ante esa sensación de carencia que nos empuja a la búsqueda desenfrenada de lo que ya tenemos o más bien de lo que ya somos. Tenemos la idea errónea de que la felicidad hay que obtenerla, como si fuera un premio que hay que alcanzar a través de logros o hazañas. En realidad, no hay nada que obtener, pero sí mucho que dar. El amor en su expresión más pura es capaz de desterrar cualquier tipo de temor. Es más, cuando los miedos nos dominen, sabremos que no es amor lo que nos dirige.

El amor auténtico solo puede darse en la quietud absoluta y permanente del plano esencial. El apego al objeto no es amor, a menos que se sea consciente de su fuente y de que no puede perderse con la disolución del objeto. Por ejemplo, podemos amar la historia siempre que sepamos que es una historia y que el amor que la creó permanecerá aun cuando los detalles desaparezcan. Una vez que se sabe que nada verdadero puede perderse, el miedo se desvanece, y esa percepción solo puede darse a través del amor.

Por lo mismo, también las manifestaciones artísticas genuinas se producen a través del amor. A veces vislumbramos ese poder maravilloso en su verdadera dimensión, aunque sea en ráfagas de felicidad, antes de que el temor u otra emoción negativa nos invada. Sólo el equilibrio entre los dos planos, circunstancial y esencial, nos daría la oportunidad de vivir la verdad sin renunciar al mundo de los objetos.

La historia de la humanidad es una historia de amor, como todas las historias, pero las personas deberán despertar de su sueño inconsciente para darse cuenta de ello.

 

La pregunta para esta Entre Líneas surge de Una receta literaria contra todos los miedos y Todas las historias son historias de amor.

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