Isabel Forga | El saber más allá del saber
Sitio web y blog de la escritora Isabel Forga con información de sus novelas, poemas, entrevistas y artículos sobre aspectos literarios, culturales e introspectivos.
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El saber más allá del saber

Hace algunos años una persona me compartió una observación que me invitó a la reflexión durante mucho tiempo. Confieso que al principio no comprendí del todo sus palabras cuando me dijo que ella no sabía que algún día iba a envejecer, sino que había asumido que su papel en la vida era ser joven. Algo, en principio tan lejano y ajeno se iba, no obstante, acercando inexorablemente.

Por supuesto, todos sabemos que vamos a envejecer, a menos que la muerte nos sorprenda antes, y también tenemos claro que, tarde o temprano, esa muerte nos alcanzará. Pero, ¿lo sabemos realmente? Hay una gran diferencia entre tener el conocimiento teórico sobre algo y asimilarlo interiormente, o sea, ser consciente de ello.

Desde tiempos remotos, el conocimiento se ha clasificado de innumerables maneras en tipos, etapas o niveles a partir de campos tan diversos como la psicología, la filosofía o la ética. También se han desarrollado teorías para distinguir el saber y el conocimiento, pero no es mi intención hacer un estudio epistemológico. Sin entrar en análisis complejos, se puede decir que existe un tipo de conocimiento de datos aprendidos que pueden utilizarse u olvidarse, y un saber interior que se reconoce a sí mismo a través de experiencias. Un saber más allá del saber que se descubre más que aprenderse.

A través de una novela, por ejemplo, se pueden adquirir datos y referencias muy interesantes. Aprender sobre épocas, costumbres, lugares, sucesos históricos o campos de conocimiento es, sin lugar a dudas, enriquecedor. Sin embargo, además de los datos en sí mismos, una historia nos proporciona una visión más profunda. Digamos que toma ese saber sin límite ni forma y lo transforma en finito y tangible para que podamos asimilarlo. Tal vez con el tiempo, se pueden olvidar fechas y nombres, así como muchos otros detalles, pero el descubrimiento interior permanece.

Tanto si hablamos de historias totalmente ficticias como de historias de vida, nos podemos quedar en esos datos y hechos o podemos entrar en contacto con el saber más allá del saber. Es posible sentir a través de personas o personajes, unirse a sus experiencias, y ampliar así, no solo la visión exterior, sino la interior. Ese ejercicio nos va acercando a nuestro propio ser.

En términos espirituales, ese saber más allá del saber es lo que llaman despertar. La mayoría de las personas basan su vida en creencias transmitidas, a menudo incluso impuestas, sin ser realmente conscientes de ninguna de ellas. Vivimos de manera inconsciente, por inercia, sin detenernos a observar en silencio y, por eso, la muerte nos sorprende sin haber vivido. Muy pocos son los que viven de manera consciente, valorando cada momento y empleándolo en abrazar ese saber verdadero.

Se puede incluso conocer a fondo la teoría sobre algo y no saber nada real sobre ello, es decir, quedarse en los conceptos sin experimentar la vivencia directa. Es posible leer un libro sobre árboles y aprender todas sus familias y nombres científicos sin haber observado, tocado ni olido jamás uno en vivo con detenimiento. La consciencia nos asusta. Tememos encontrarnos cara a cara con la verdad, pero es precisamente esa consciencia la única que puede ofrecer certeza de que la muerte no es más que un proceso de transformación o, por lo menos, de que este momento presente es el único que existe.

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