Isabel Forga | Poemas
Sitio web y blog de la escritora Isabel Forga con información de sus novelas, poemas, entrevistas y artículos sobre aspectos literarios, culturales e introspectivos.
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POEMAS

Dos autoras, dos plumas, dos puntos de vista que se encuentran a través de la poesía. Una reflexión sobre el amor, la verdad y el silencio a partir de dos voces que intercalan sus vidas en un libro.

 

 

SELECCIÓN DE ALGUNOS DE MIS POEMAS

En agonía de ti,

me siento a tu lado,

junto a tu ausencia muda

y rodeo tus pétalos

con mis brazos de arena.

Te sostengo entre tiempos,

entre vacíos secretos

que nos pertenecen.

Te moldeo con los minutos,

ladrones voraces

de momentos inmensos.

Te busco con el pensamiento,

con la voz, con las manos,

con la luz y con el sueño,

y te persigo por los túneles

amargos y temidos

de tu silencio infame.

Me llenas y te asumo,

me destruyes y te amo.

Te amo en todas las lenguas

que la vida ha puesto en mis labios

durante eternos segundos

de atardeceres lánguidos.

 

T’estimo desde el sentir primero,

en las terrazas tibias y húmedas

de la memoria ardiente,

y en los parques de mosaicos

recorridos con pesar.

 

Te quiero sobre instantes de humo,

de latidos sureños, perdidos

en el silbar de los trenes,

que nos llevan y nos traen

de los puertos del estío.

 

I love you bajo la lluvia perfecta

de mis pasos libres y solos

por fríos senderos nuevos,

donde el suelo helado

de los puentes y las torres,

se derrite en grandes vasos

de desesperación latente.

 

Ti amo entre tazas de fervor,

sonoras, hirientes,

olvidadas y presentes,

antes de esa huida musical y soez

por avenidas inmortales.

 

Je t’aime junto al río de luces,

mientras mi pasión te observa

más allá del día y de la noche,

desde los recónditos parajes

del caminante escondido.

 

Ich liebe dich, con el sino inevitable

de todas las tormentas

que nos aguardan y nos salvan,

mientras abren sendas brillantes

que arrinconan los sentidos.

 

Te amo en la piel de multitudes,

de algarabías coloridas

y paseos sordos,

de plumajes brillantes

y sabores extremos.

Y te llamo a gritos

por los caminos, por las nubes,

por los acueductos del recuerdo,

en otras grafías que los días

trajeron más tarde a mis dedos.

 

En agonía de ti,

me siento a tu lado

y hasta el eco me susurra

tu verdad sombría:

ni el infierno mismo

me devolverá tus párpados,

ni el movimiento de tus pies

ni las comisuras de tus labios.

Nada calmará la savia

que me recorre las venas

como un mar desbocado

y me habla con la sinrazón

de tus balbuceos amados.

Pero hay algo que ignoran

el eco y sus sombras,

y hasta el infierno mismo,

algo que no navega

por sus eternidades huecas

de deseos quebrados,

porque que no es tuyo ni es mío,

ni del mundo ni del tiempo.

 

Estado de México, 2016

Podría hablarte,

hasta el final del tiempo,

sobre antiguos secretos

que habitan el aire,

tesoros que conoces

como yo conozco.

 

Podría escribirte,

desde su fondo mismo,

sobre fuentes

que rocían nuestro universo,

en esa lengua que entiendes,

como yo entiendo.

 

Y quisiera enviarte,

a través del océano,

paisajes de antaño

que recorren mis sueños,

ecos que comprendes

como yo comprendo.

 

Pero me sentaré a tu lado,

aun en la distancia,

me sentaré a tu lado

sin decir palabra,

para que sea el silencio

el que nos inunde

de secretos, de tesoros,

de ecos y de sueños,

silencio que sientes

como yo siento.

 

París, 2001.

El camino conoce tu nombre,

me ha oído llamarte en voz alta,

mis pasos te escriben promesas

cuando las sombras apagan la tarde.

 

Y vuelvo a buscarte esta noche

bajo un viento de pergaminos

para vivirlos de nuevo a tu lado

para volver a crearlos contigo.

 

Ese árbol de raíces gigantes

que creció leyendo tus versos

es testigo de palabras sin edad

que recorren el tiempo en mis brazos.

 

Y vuelvo a buscarte este día

en que el destino me deja alcanzarte

para sentarme junto a ti bajo el árbol

y que la sombra inmortal de sus ramas

sea la única que cubra la tarde.

 

Ciudad de México, 2003

La vela izada

contra el viento suave

sonríe, paciente,

porque conoce los mares

y el lenguaje profundo

que se esconde en sus olas.

 

Hay secretos que esperan

en su vaivén eterno

los oídos de alma

que descifren su juego.

 

Esa vela lo sabe,

lo percibe, lo entiende,

y observa su fondo

de esencia insondable.

 

Atalaya serena

olvidada por todos

que contempla perfiles

más allá de la espuma.

 

Centinela que espera,

entre el cielo y el mar,

con el auge y la calma

de quien sueña despierto.

 

Ciudad de México, 2007

Hay una herida

allá arriba, entre las estrellas.

La oscuridad sangra y delira,

y sus ojos se han teñido de espejos

porque algo interrumpe su grito.

 

La inmensidad

ha perdido su paisaje,

su latir es hueco, su caricia, áspera,

y un silencio infinito

ahoga los sentidos

porque algo ha quebrado su canto.

 

Una sombra

envuelve el brillo de los astros,

puñales de seda se clavan en el aire,

y sonríe, entre lágrimas, la noche.

Ya no bailan sus perlas sobre el mar.

Algo ha detenido su danza.

 

Y ha huido

la luna de su trono,

creando desiertos de tinieblas.

Ya no susurra el viento en mis oídos,

sólo un crujido,

porque un adiós ha partido la noche.

 

Londres, 1998.

Fueron días de muerte y de risas,

de carne, de huecos, de cristal.

 

Las voces lejanas torturan

aquello que vive

y no se deja matar.

Con sus ropas brillantes

rodean y ahogan

las flores, las nubes, el mar.

Un momento de duda, un instante,

luego todo vuelve a brotar,

como una eterna caricia de luz

que destierra la oscuridad.

Y el baile sigue y sigue,

vueltas y vueltas al mismo compás,

como gigantes de paja

que giran y giran y evitan

aquello que vive

y no se deja matar.

 

Fueron años de muerte y de risas,

de carne, de huecos, de cristal.

 

Las miradas lejanas enjaulan

la fuente y el latido de su propio ser,

como si entre barras de metal,

fuera el aire menos aire,

y la verdad menos verdad.

Es su burla y su condena

hacia aquellos

que aprendieron a volar

y observan a veces

desde una ventana

esas vidas de muerte y de risas,

de carne, de huecos, de cristal.

 

Barcelona, 1995.