Isabel Forga | La mente del escritor en la catástrofe
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La mente del escritor en la catástrofe

Este pasado mes de septiembre, México experimentó una serie de devastadores terremotos con trágicas consecuencias. Llevo viviendo en este país un tiempo bastante considerable, y desde mi llegada a estas tierras he oído innumerables comentarios sobre el famoso terremoto de 1985. No se había conocido otro aquí con características tan destructoras desde ese año, a pesar de que los temblores que sacuden al país mexicano son y continuarán siendo continuos.

Para mí, como para muchos millones de personas que no han habitado nunca un territorio con elevado peligro sísmico, los terremotos eran algo ajeno, un tipo de catástrofe, como tantas otras, que se observa desde lejos con estupor y alarma, pero también con la certeza de que esa clase de horror no nos va a ocurrir a nosotros.

Por fortuna, la vida es imprevisible, además de sabia, y muchas veces nos conduce precisamente hacia situaciones y lugares que considerábamos demasiado lejanos. Es la mejor forma de enseñanza. No han sido pocas las veces en que la tierra ha temblado bajo mis pies durante los años que he vivido en tierra azteca, aunque nunca con la intensidad del pasado 19 de septiembre.

El tipo de ideas que recorre la mente de las personas en una situación de pánico o emergencia puede ser inesperado, así como las reacciones que se derivan de esas ideas. Hace ya algún tiempo que empecé a investigar la diferencia entre pensamiento y sentimiento, o por decirlo de otra manera, la circunstancia y la esencia en las que se centran respectivamente mente y corazón. He aprendido que nuestra mente vive la mayor parte del tiempo en los traumas del pasado o en la preocupación del futuro, cuando es el presente lo que somos en realidad. Muchos atribuyen a este hecho la causa principal de nuestra infelicidad. Es nuestro contacto directo con el presente lo que nos mantiene vivos en todos los sentidos, y eso se da a través del corazón y no de la mente. Entonces, ¿cómo puede el escritor, perdido siempre en historias pasadas y futuras, experimentar ese valioso presente?

Cuando el suelo empezó a temblar con fuerza el pasado 19 de septiembre, y sentí que el edificio en el que me encontraba podría derrumbarse en cualquier momento y enterrarme junto con las personas desconocidas que tenía a mi alrededor, experimenté un cierto miedo, pero no llegó a convertirse en pánico. En aquel momento, mi pensamiento se concentró en la historia. Me imaginé a mí misma narrando aquella situación, tal y como está sucediendo ahora, y de alguna extraña manera, esa idea me hizo sentir la certeza de que, como se suele decir, “viviría para contarlo”.

En las historias, las personas que aman escribir y leer funden mente y corazón, otorgan al pasado y al futuro, las cualidades del ahora a través del sentimiento. Y cuando entendemos que la vida es en realidad una gran historia de aprendizaje, todo cobra un sentido nuevo y maravilloso.

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