Isabel Forga | La libertad de la actividad creativa
Sitio web y blog de la escritora Isabel Forga con información de sus novelas, poemas, entrevistas y artículos sobre aspectos literarios, culturales e introspectivos.
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La libertad de la actividad creativa

No son pocas las veces en que llega a nuestros oídos una frase similar a: “La historia no me gustó porque el final no me sorprendió, ya me lo esperaba”. O, por el contrario: “Me ha encantado, nunca me pasó por la imaginación que el personaje haría algo así”.

Estoy de acuerdo en que sorprender hoy en día es una misión casi imposible, pero también es cierto que hemos llegado a un punto en que la calidad se asocia casi inevitablemente al asombro o a las emociones fuertes. A mi parecer en algunas ocasiones llegamos a confundir lo original con lo excéntrico.

El autor que tiene en sus manos una historia y una serie de personajes debería ser libre de desarrollar los hechos sin tener que ligarlos obligatoriamente a giros inesperados. Esos giros pueden ser tan adecuados como la ausencia de ellos, dependiendo del tipo de narración y de lo que el autor desee expresar. La originalidad es sin duda una cualidad en toda historia, pero no se trata de crear estrambóticas situaciones con la única intención de sorprender.

Romper estereotipos y cánones está de moda. El ser humano lleva demasiados siglos enfajado en sus propias normas asfixiantes de todo tipo y ya sabemos que la represión suele conllevar un efecto contraproducente. Ahora es necesario ser lo más perturbador posible si queremos que nos tengan en cuenta. Entonces, me pregunto: ¿somos en realidad más libres que antes? ¿Puede un escritor crear un gran personaje con emociones, ideas y valores que enamoren a muchos lectores aunque no les provoquen continuos sobresaltos? ¿O un personaje así será de inmediato calificado como mediocre?

A mi parecer existe un tipo de lector que ama todavía las narraciones que avanzan con paso seguro, como el agua hacia una cascada, aunque a veces conduzcan hacia un final más o menos esperado. Por supuesto, no tengo objeción alguna a romper todas las fórmulas necesarias para contar una historia de la forma y con el tono deseado, pero no hay que olvidar que la actividad creativa o artística debe estar siempre impregnada de libertad. Muchas veces al presentar una historia, nos preocupamos incluso de si contiene los ingredientes necesarios para formar parte de un género o de otro, cuando deberíamos concentrarnos en las ideas que queremos presentar, en los personajes que viajarán con nosotros y en los sentimientos que sus aventuras nos regalarán. Y como lectores, podemos abrazar esas aventuras y soñarlas en nuestra propia historia de vida, más allá de esos juicios que a menudo obstaculizan el placer propio de la lectura.

Cuando mente y corazón se unen a través del arte, el ser humano alcanza ese sentimiento de libertad tan anhelado y ninguna restricción debería alterar el cauce de tan sublime expresión. La literatura es placer, es crecimiento y es libertad.

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